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  • Paula Moreno

¿Se puede usar EMDR en el campo del maltrato infantil?

Actualizado: 17 de ene de 2018

Esta fue la pregunta que me hice cuando tras haber trabajado dieciséis años en el campo del maltrato infantil, me topé con EMDR.

En un primer momento, veía sólo obstáculos. Cómo podía en un organismo público atender una hora y media a cada paciente? ¿Cómo lograría que no abrieran las “frágiles puertas” del consultorio del centro de salud? ¿Cómo podría congeniar el trabajo con los padres?¿Cómo le explico a un juez qué es EMDR?¿Cómo acompaño el procesamiento de la información en un niño y a su vez mido el riego familiar?

En fin, las preguntas se abrían cada vez más…

Pero todo tuvo un desenlace satisfactorio.

El haber incorporado en mi práctica el concepto de trauma y todo lo que esto trae aparejado, hizo posible que mis intervenciones fueran más eficaces.

Estas intervenciones empezaron a darse en el marco del entendimiento cabal de los diferentes tipo de traumas que un niño podía estar afrontando, aún dentro de lo que es maltrato infantil. La naturaleza de las memorias traumáticas me permitió ser más certera en los diagnósticos diferenciales. Entender que el trauma parental teñía la mirada de estos padres hacia sus hijos y la necesidad de intervenir con ellos desde sus propios traumas para lograr disminuir el riesgo de maltrato hacia los hijos, hizo que mi mirada ante la problemática cambiara.

Esto significó también un cambio en el modelo de abordaje de los tratamientos. En donde el tener una visión más amplia de estos conceptos permitió evaluar las necesidades del niño y la familia y replantear los tratamientos según el impacto que había tenido en ellos. En el lugar de trabajo donde me desempeñé se trabajaba principalmente con un abordaje grupal de los tratamientos tanto de niños como de padres. La visión más amplia de la psicotraumatología permitió hacer un cambio en los abordajes en tanto se pudo evaluar la necesidad de tratamientos individuales previos a la incorporación del niño a tratamiento grupal.

Cuando estamos ante un caso de maltrato infantil, siempre debemos tener como primera premisa la protección física y psicológica del niño. Para esto debemos estar preparados para llevar a cabo un trabajo que puede dividirse en dos etapas.

La primera etapa está definida en relación a la evaluación del riesgo en el que se encuentra el niño, y la segunda en el tratamiento propiamente dicho.

La primera etapa consistirá en una evaluación del grupo familiar, buscando información que permita dar cuanta de si hubo maltrato, de qué tipo, cuál es la gravedad del mismo y si es necesario una intervención urgente o no.


Desde este primer momento voy a poder utilizar los elementos que EMDR me da para evaluar al niño, y al grupo familiar. Esto es así porque intervenir desde EMDR, es mirar a los pacientes a través de los lentes del trauma, y esto me permitirá sabes cómo está el niño víctima, que grado de traumatización presenta y si tendré que planificar en función de lo observado una fase uno y dos más extensa o no, etc.

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© 2018 por Paula Moreno, Psicóloga