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El cuerpo narrado. Intervenciones desde EMDR en infancias que han sufrido impacto traumático

  • Foto del escritor: Paula Moreno
    Paula Moreno
  • hace 1 día
  • 13 Min. de lectura

Artículo publicado en la Revista Científica de Alianza EMDR Latinoamérica y Caribe "Logros en Psicoterapia: Teoría, práctica e investigación en Terapia EMDR."


Introducción


El presente capítulo propone una herramienta clínica innovadora e integradora para abordar el impacto del trauma en infancias. Esta estrategia, denominada el cuerpo narrado, articula elementos de la terapia EMDR con recursos propios del arte, la narrativa, la compasión y el mindfulness, y se materializa a través de un cuento textil interactivo que se despliega sobre el cuerpo del niño, promoviendo el trabajo sensoriomotor y simbólico.


Objetivos


  • Integrar el enfoque EMDR con estrategias expresivas para intervenir en el trauma infantil.

  • Favorecer la exploración corporal, emocional y narrativa mediante un recurso tangible e inmersivo.

  • Promover la resiliencia y el trabajo vincular a través de la participación familiar en el tratamiento.


Método


La técnica se basa en un cuento textil diseñado artesanalmente, compuesto por una pollera y una pechera que pueden abrirse para desplegar escenas narrativas. Incluye títeres y objetos sensoriales (texturas, sonidos, aromas) que permiten una exploración multisensorial. El terapeuta narra el cuento sobre el cuerpo del niño, integrando las ocho fases del protocolo EMDR. Este enfoque posibilita la activación del sistema de calma, la regulación sensorial y emocional, y la co-construcción de un relato reparador del trauma.


El cuerpo narrado


El trabajo con infancias que han sufrido el impacto traumático originado por traumas relacionales implica tener en cuenta un modelo integral de abordaje clínico. Este último necesita de dos instancias de intervención:


  1. La evaluación de los factores de riesgo que permitan determinar si el niño corre riesgo de ser maltratado en el corto plazo y la toma de decisiones legales si fueran necesarias.

  2. La implementación de tratamientos psicosociales adecuados a la necesidad de dicha familia (en el caso de que esa familia sea competente para seguir al cuidado de ese niño).


Por lo tanto, una vez que se hayan tomado estas medidas de seguridad, podemos adentrarnos en el tratamiento individual del niño. 


El trauma desconecta al individuo de múltiples formas: de sus emociones, de la percepción de su cuerpo, de las relaciones sociales, de la posibilidad de sentir alegría y esperanza, y de la posibilidad de jugar. Emociones propias de la narrativa del trauma, como la vergüenza o la ira, hacen que el paciente se sienta desconectado. El niño deja de sentir seguridad y confianza en los adultos y en sí mismo.


El trauma también desconecta porque la persona puede quedarse atrapada en el pasado, experimentando un miedo constante. El impacto del trauma afecta tanto a nivel mental como fisiológico. Los síntomas que pueden aparecer son compatibles con una desregulación en varios aspectos: corporal, emocional y conductual. Pueden aparecer síntomas disociativos como la desrealización o la despersonalización.


Pat Ogden (1) menciona: “Tras la ocurrencia del trauma, la integración del procesamiento de la información a nivel cognitivo, emocional y sensorio-motriz suele verse afectada” (p. 59). Es importante recordar que cuando hablamos del procesamiento de la información a nivel sensorio-motriz, hacemos mención a los movimientos del cuerpo, a las emociones registradas en las sensaciones corporales internas y a la información proveniente de los sentidos. El niño puede estar funcionando por fuera de su ventana de tolerancia.


Las tendencias de acción no resueltas relacionadas con la supervivencia incluyen no solo las características crónicas posturales y motrices asociadas a la defensa, sino también la rápida movilización del sistema nervioso autónomo en respuesta a los estímulos relacionados con el trauma. Las personas que padecen trastornos de origen traumático son vulnerables a la hiperactivación y/o la hipoactivación fisiológica (1).


La intervención desde el cuerpo narrado es una aproximación sensible al trauma. Integra: 

a) el trabajo desde el nivel fisiológico, 

b) la mediación de las artes expresivas, 

c) el abordaje EMDR, 

d) el abordaje de mindfulness y compasión, 

e) el trabajo desde apego y 

f) el desarrollo de la resiliencia.


El cuerpo narrado consiste en la adaptación de un cuento hecho de tela que puede ser vestido por el niño. El terapeuta irá narrando el cuento sobre el cuerpo del niño. Existe la posibilidad de que el niño escuche el cuento y/o se imagine que el cuento lo recorre.


El cuento hecho de tela está formado por una pollera y una pechera que tienen la posibilidad de abrir espacios para que las distintas escenas transcurran. También tiene diferentes personajes hechos en forma de títeres que recorren el cuerpo y van narrando a medida que se avanza. Posee diferentes texturas, colores y sonidos. El cuerpo narrado permite que el terapeuta utilice el recurso en cualquiera de las ocho fases de EMDR. Esta intervención está diagramada en base al trabajo desde el arte terapia.


C. Malchiodi (2) menciona que hay ocho razones para incluir este tipo de abordajes: 1. Dejar que los sentidos cuenten la historia 2. Auto calmar la mente y el cuerpo 3. Involucrar al cuerpo 4. Mejorar la comunicación no verbal 5. Recuperar la autoeficacia 6. Reescribir la historia del trauma 7. Imaginar un nuevo sentido 8. Restaurar la vitalidad.


El cuerpo narrado como estrategia de arte terapia permite que el niño lleve adelante un proceso de autoconciencia del cuerpo y da lugar a una exploración de las sensaciones corporales.


Terapia EMDR


Fase 1


En esta etapa, el cuento servirá como un vehículo para establecer un vínculo con el terapeuta. Es un puente de conexión entre el niño y el terapeuta. Sabiendo que el trauma afecta la confianza y que estos niños han sido defraudados por los adultos cuidadores, el trabajo de ir paso a paso en el afianzamiento de la confianza y, por lo tanto, de la seguridad interna, será parte del trabajo clínico. En este punto, es posible que utilicemos el cuento como una manera de rastrear información en relación a esto último.


El hecho de que sea un cuento tan original en su forma de presentación fomentará la exploración y la curiosidad, bases de la confianza. La exploración puede proponerse en función de los títeres que son los personajes del cuento, como también de la base del cuento, de los lugares de su cuerpo donde se apoya cada parte de la tela, las diferentes texturas, hasta los sonidos que aparecen en los personajes o en los elementos de la naturaleza. Es sumamente importante que esta guía para la exploración esté acompañada por la modulación de la voz del terapeuta. Chequear la distancia física entre el niño y la mía para narrar el cuento es sumamente importante. Tal vez en un principio no sea lo más acertado que el niño use la base del cuento sobre su cuerpo. Puede necesitar que el terapeuta lo apoye en su propio cuerpo, en un muñeco o simplemente en el piso.


El cuerpo narrado es un excelente método de enraizamiento. Sabemos que los niños que han sufrido el impacto del trauma pueden manifestar desconexión de sus emociones, de su cuerpo o presentar síntomas disociativos. El poder tener un cuento hecho de tela permite que el tacto sea un vehículo para el enraizamiento. Los títeres personajes, como los sonidos que aparecen con el personaje principal del cuento (corderito que tiene en su vellón un cascabel) o en el manantial de agua (tul de color celeste con piedritas en sus bordes que suenan al moverse), son claves. Enseñar al niño que puede estar en el presente a partir de llevar su atención a las texturas o sonidos es esencial en esta etapa y durante todo el proceso terapéutico.


Podemos ofrecer al niño recrear alguna de esas texturas o personajes, copiando algún personaje o escena del cuento para llevarse a su hogar y tener a mano los elementos que le ayuden a enraizarse. En esta primera fase, podemos incluir a los adultos para gestionar maneras de enraizarse en familia. Los padres o cuidadores pueden experimentar con las mismas sugerencias que se le dieron al niño en el uso del cuerpo narrado.


Como podemos apreciar, si bien estamos en una fase uno, estamos sentando las bases para crear un vínculo reparador. No solamente con el terapeuta sino también con los adultos cuidadores. Estos niños no han tenido experiencias de vínculos sanos, de confianza. Por este motivo, toda la intervención integrará a los cuidadores.


Fase 2


C. Malchiodi (2), citando a L. Terr, menciona: “Los niños traumatizados pueden haber experimentado un trastorno en sus capacidades para jugar y crear espontáneamente en una etapa temprana de la vida, en gran parte debido a su incapacidad para regular la activación” (p. 163). El trabajar con el cuerpo narrado permite explorar en el cuerpo, enraizarse e ir construyendo un vínculo. Estamos sentando las bases para la regulación emocional y fisiológica y la co-regulación. El niño puede notar las sensaciones corporales a medida que el cuento va narrándose sobre su cuerpo. Puede decidir detenerse en alguna parte, imaginar el aroma que tiene esa parte del cuento, por ejemplo, cuando describe el jardín o el agua.


Si apareciera alguna molestia a nivel corporal, se puede orientar al paciente a pendular entre esa parte del cuerpo y buscar en el cuento/cuerpo una parte donde se sienta más agradable. Por ejemplo, esa parte puede ser donde el sol del cuento se apoya o donde el agua del cuento pasa por el cuerpo y trae frescura.


El trauma, al afectar la regulación fisiológica, nos pone de frente con la importancia de incorporar lo rítmico en el proceso de sanación. El ritmo, al narrar el cuento sobre el cuerpo, supone no solo el ritmo de la voz, sino también de los personajes que van atravesando el cuerpo y sus movimientos, que invitan a mover alguna parte del cuerpo.


Bruce Perry (3) indica: “La regulación somato-sensorial, como las actividades rítmicas, activa la corteza cerebral y facilita que las regiones cerebrales asociadas al razonamiento se hagan más accesibles al aprendizaje” (p. 252).


Quiero hacer especial mención al trabajo con la regulación de la voz. Cuando utilizo mi voz para narrar, haré especial cuidado a los tonos que utilizo, los sonidos que pueda agregar o las onomatopeyas. En el trauma, la regulación auditiva puede verse impactada, ya sea porque el niño ha sido víctima de maltrato verbal o por el tipo de comunicación que han recibido o la estimulación pobre del lenguaje. Na’Ama Yehuda (4) menciona: “Responder a los sonidos también incluye identificar qué sonidos exigen una reacción, o movilizarse para la acción, y cuáles nos permiten volver a calmarnos” (p. 152). A través del sonido, recibimos señales de seguridad y peligro. Las frecuencias de sonido y las variaciones en el tono evocan diferentes estados autónomos y experiencias emocionales (5).


Existe una maravillosa oportunidad de trabajar con las nanas y el cuerpo narrado. Es posible invitar al niño a usarlas para dormir al personaje principal, que es el corderito, por ejemplo. Puede invitarse al grupo familiar para cantar estas nanas. Si hubiera traumas pre-verbales, podríamos integrar a Jean Lovette, por ejemplo.


El hecho de que la base de tela del cuento se apoye sobre la piel constituye una puerta de acceso al trabajo con el sistema cenestésico. Deb Dana  (5) afirma: “El poder curativo del tacto es innegable. Provoca, modula y comunica emociones” (p. 152).


El haber elegido telas para trabajar lo cenestésico no es fortuito. El trabajo con telas remite al trabajo desde el apego, al cuidado y la suavidad con la que el cuerpo debió ser tratado.


Esta es una forma nueva de activar el sistema de calma y de conexión social. Hay una nueva manera de relacionarse con el cuerpo que no siga la narrativa del trauma. El paciente puede elegir, por ejemplo, ponerse una parte del vestido del cuerpo narrado o que solo se utilicen determinados personajes para recorrer el cuerpo. De esta manera, el niño tiene control de su cuerpo y puede ir explorando la seguridad interna. Poco a poco, se logrará la ampliación de la ventana de tolerancia fisiológica.


En esta instancia, es posible ayudar al paciente a crear un gesto junto con el personaje del cuerpo narrado para que sirva de ancla por fuera de la sesión. Incluso puede dibujarlo o hacerlo en material con volumen para llevarlo fuera de sesión.


El cuerpo narrado tiene ciertos límites que permiten explorar este concepto de una manera concreta. La posibilidad de estos límites genera cierta sensación de seguridad y agencia sobre el cuerpo. La columna del cuento es, a su vez, la columna del niño. Esto permite volver al eje cada vez que haya desregulación. Funciona como un ancla. La respiración consciente puede ser de mucho beneficio para dar vida a este eje central (se puede respirar para que las flores del cuento que están en el centro se abran poco a poco, o ayudar con la respiración a que las aves del cuento vuelen, por ejemplo).


La calidez que constituye el cuerpo narrado guiado por el terapeuta permite la activación del sistema de compromiso social. Dana (5) menciona: “La reacción al calor físico y a la sustitución del calor social por el calor físico no es una elección consciente. Hacer explícitamente conscientes estas respuestas implícitas puede añadir opciones para la autorregulación” (p. 163).


En todas las formas de uso del cuerpo narrado, aparece como eje el trabajo desde la imaginación, la curiosidad y la exploración basada en la seguridad, la posibilidad de tener una sensación de agencia, el juego como lugar de seguridad y el asombro como motor de esta exploración. Por otro lado, restablecer la sensación de placer en el cuerpo suele ser un objetivo terapéutico esencial.


Desde el punto de vista del uso de la narrativa para la regulación fisiológica y emocional, Malchiodi (2) menciona: “El cuerpo conserva una narrativa implícita de cómo se ha adaptado el individuo a lo que percibe como peligroso. Esta narrativa no solo se comunica a través del cuerpo, sino también potencialmente a través de diversas formas de artes expresivas y juego” (p. 308).


El acto de contar permite una disminución de la ansiedad y los miedos, una regulación de la emoción y una co-regulación a través de la conexión con otro. El niño está acompañado en este proceso por el terapeuta, que hará de co-regulador, donde se podrá ir incorporando a la familia para que esas historias circulen en el seno familiar. Darle lugar a esta narración, donde van apareciendo algunas palabras a medida que se desarrolla la narrativa corporal, permite ir dotando de un sentido nuevo a la narrativa del paciente en relación al trauma.


A través de este relato que se empieza a desarrollar de manera somato-sensorial y luego va adquiriendo ciertas palabras, ofrecemos al niño y a la familia crear un nuevo sentido.


Malchiodi (2) menciona: “La experiencia de cualquier trauma psicológico profundo desafía lo que antes había sido significativo en la vida de los supervivientes. Recuperarse del trauma significa desarrollar una nueva comprensión y una nueva visión del mundo que atribuya un nuevo sentido a lo que se está experimentando” (p. 469).


Con todos los pilares que venimos desarrollando, se puede hilvanar una nueva narrativa: nuevas maneras de sentir el cuerpo, descubrir las sensaciones corporales y darles una nueva significación, bucear en los recursos, lograr la sensación de confianza y seguridad interna, buscar maneras nuevas de regulación emocional y fisiológica, y de co-regulación con otros.


Recuperar la alegría, la curiosidad y la exploración sin miedo, el placer por el juego y la imaginación como aliados. Esto hace que la nueva narrativa pueda alinearse con la energía vital y la alegría que pudieron ser arrasadas por el trauma.


El hecho de que el cuerpo narrado esté basado en un cuento permite el trabajo con la secuencialidad, causalidad y lo predecible. Estas formas son parte de una narrativa diferente a la del trauma, donde hubo caos y desorden. Yehuda (4) indica: “El trauma hace que los niños estén menos dispuestos a seguir los acontecimientos, los plazos, las causas, las secuencias, la motivación y la lógica, terminando con un puñado de percepciones desarticuladas. Las historias son el adhesivo que mantiene unidas las conexiones sociales” (p. 356).


Existe la maravillosa posibilidad de invitar a los niños a escuchar el silencio que aparece en el cuerpo narrado. Esta posibilidad permite que el niño pueda detenerse y crear desde el silencio, diferenciando ese tipo de pausa con el silencio de la ausencia de respuesta o de lenguaje que han tenido en el trauma.


Fases 3 a 8 


Con respecto a las siguientes fases de EMDR, podemos generar el uso del cuerpo narrado como base para continuar el protocolo. Es posible que, en esta progresión del uso del cuerpo narrado, aparezca una sensación física que remita a un recuerdo traumático. Allí podemos ir conformando el protocolo en el mismo cuerpo narrado. Podemos utilizar un protocolo de bottom-up a partir de una sensación molesta en el cuerpo. También es posible que, ante esa sensación, aparezca un recuerdo. Podemos preguntar por la emoción y la creencia negativa, tomar el SUDS y buscar las palabras asociadas a la creencia positiva con su VoC. La MBL puede hacerse con la participación de los personajes del cuento, o bien el niño puede hacerlo sobre sí mismo.


Todo el desarrollo del cuerpo narrado implica en sí mismo una práctica de mindfulness y compasión. Se puede proponer prácticas concretas de mindfulness sobre alguna parte del cuerpo/cuento. Hacer una práctica de compasión llevando las manos a alguna zona del cuento y, por ende, del cuerpo. Podemos integrar al personaje del cuento para que ofrezca las semillas de lo que queremos cultivar en nuestro cuerpo y mente (el cuento tiene como personaje un corderito que descubre en su propio vellón las semillas que quiere cultivar).


La fase de chequeo corporal permite que continuemos con el recorrido a través del cuento y el cuerpo. Podemos sugerir que un ayudante del cuento nos guíe para ese recorrido. Esta misma estrategia puede utilizarse en la fase ocho. Ya sea que volvamos a ponernos la base del vestido o simplemente imaginar que el cuento está sobre nuestro cuerpo y lo recorramos para saber qué nos dice. Si el niño se ha llevado algún personaje entre sesión y sesión como recordatorio, preguntaremos por ese recurso. De esta manera, podemos ir descubriendo los disparadores del presente y preparar escenas del futuro.


Los usos del cuerpo narrado no están limitados a este capítulo; hay muchas maneras en que se sigue desarrollando. Podemos incluir el uso de fotos, por ejemplo (6), o la instalación de objetos narradores junto con el cuerpo narrado.


Resultados


La estrategia del cuerpo narrado permitió observar, en la práctica clínica, mejoras en la autorregulación fisiológica, el fortalecimiento del vínculo terapéutico y el compromiso activo del niño y su entorno familiar. El uso de estímulos sensoriales (tacto, sonido, visuales) facilitó la reconexión con el cuerpo y la co-construcción de una narrativa alternativa al trauma. Asimismo, el abordaje grupal integró a cuidadores y docentes, extendiendo los efectos del proceso más allá del consultorio. A partir de esta experiencia, se sugiere el desarrollo de estudios sistemáticos que validen los beneficios observados y favorezcan su replicabilidad.


Conclusión


La propuesta del cuerpo narrado se presenta como una herramienta terapéutica sensible e innovadora, que permite trabajar el trauma infantil desde una perspectiva integradora. La posibilidad de intervenir a través del cuerpo y los sentidos ofrece al niño nuevas formas de regulación emocional y elaboración simbólica. A su vez, la participación de la familia potencia la construcción de vínculos seguros y contextos reparadores. Esta técnica resulta compatible con las fases del protocolo EMDR y sugiere líneas de desarrollo clínico e investigativo prometedoras.


Referencias Bibliográficas


  1. Ogden P, Minton K, Pain C. El trauma y el cuerpo: un modelo sensoriomotriz de psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2009. 

  2. Malchiodi C. Trauma y terapia de artes expresivas: cerebro, cuerpo e imaginación en el proceso de curación. Barcelona: Eleftheria; 2023. 

  3. Perry BD, Winfrey O. ¿Qué te pasó? Trauma, resiliencia y curación. Barcelona: Diana; 2021. 

  4. Yehuda N. Comunicar el trauma: criterios clínicos con niños traumatizados. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2016. 

  5. Dana D. La teoría polivagal en terapia: cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria; 2018. 

  6. Moreno P. El cuerpo narrado como una intervención clínica. 2020. [Acceso 13 jul 2025]. Disponible en: https://www.paulamoreno.org/post/proyecto-el-cuerpo-narrado-como-una-intervención-clínica

 
 
 

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