Buscar
  • Paula Moreno

ResilienciArte

Actualizado: 17 feb

Mucho se ha estudiado acerca de la resiliencia ya que es un concepto clave a la hora de hablar de la humanidad y las maneras de hacer frente al sufrimiento. Si algo compartimos los seres humanos es esa fuerza que nos permite seguir en pie a pesar de las dificultades.


Como un reservorio de recursos, como una intención dirigida al bienestar, como la necesidad básica de buscar felicidad y hacer que nuestro sufrimiento sea menor.

Surge en mí una profunda alegría de saber y contemplar que la humanidad posee ese tesoro entre sus manos. Es cierto que hay condiciones que facilitan descubrirla y hacia allí vamos.


¿Qué necesité en los momentos donde surgió la resiliencia en mi vida? ¿Fue un hecho, una actividad, una persona, muchas personas, una música, un aroma, todo ello?

Llevar mi mente a los momentos difíciles de mi vida y pescar dónde me sostuve, es un hilo conductor para ofrecer luego ese recurso a otros. No porque tenga que utilizar los mismos, sino por la manera en que puedo transmitir el entusiasmo de encontrar un lugar donde pisar y no trastabillar.


Las respuestas a esas preguntas pueden contestarse usando algunos verbos y también algunos adjetivos:

  • Conexión

  • Contento

  • Esperanza

  • Encuentro de sentido

  • Sentirme sentida y pensada por otro

  • Sentirme escuchada

  • Sentirme no juzgada

Descubrir que muchos de esos puntos de sostén podían ser traídos con plena conciencia, me iluminó el alma. Recorrer los momentos con un pie en la experiencia difícil y otro en esas cualidades, sirvió de hamaca emocional.


Preguntas que hacen intervención


Comencé a preguntarles a mis pacientes niños /as primero ¿cómo creían que lo que les ocurrió les había impactado? Y ¿cómo creían que habían podido salir adelante? Claro que esta pregunta y este indagar amoroso se da sólo cuando el niño o niña está fuera de riesgo real y se encuentra en el proceso de tratamiento psicológico. También decidí hacerlo desde un acercamiento no verbal. La propuesta es el arte.


Nos adentramos en el mundo del antes y el después. Sabemos que el trauma genera un sismo, un quiebre con la vida como se entendía hasta ese momento. Cambia no sólo la realidad externa sino la manera en que se la percibe, cambia el mundo interno todo.

Esto respondieron:

“Hasta los 6 años era alegre, jugaba, sonreía, no sabía lo que era la tristeza, no guardaba rencor a nadie, adoraba a mi padre, adoraba a todos mis familiares, tenía muchos sueños que quería cumplir”

“Desde los 6 hasta los 18 años soy: pienso que soy culpable de lo sucedido, no sé qué es confiar en las personas, pienso que todas las personas me quieren hacer daño, no sé si quiero u odio a mi papá, los sueños que tenía antes, hoy ya no tienen sentido, pienso que todo está peor, sobretodo tengo miedo a perder a las personas que tratan de ayudarme porque me quieren y no sé cómo hacer para creerles”


En esta expresión artística la paciente refleja de una manera muy clara ese quiebre entre el antes y el después del trauma.

Antes: “Lloraba, no me gustaba estar con nadie, le tenía miedo a los hombres, no podía acercarme a ellos por temor a que me volviera a suceder.”

Después: “Alegre, juego con todos, salgo a bailar.” Esta niña empieza a descubrir los recursos que encontró luego de la experiencia traumática vivida.

Antes: “Tenía susto, de que me pegaran, gritaran, de estar solo, que no me cuidaran, en la calle que me pudieran secuestrar, no saber qué va a pasar”

Ahora: “soy yo, sin susto, sin miedo, seguro, con cuidados”


Poder reconocer esas fortalezas y expresarlas en sus dibujos ha sido un gran logro. Les permite tomar perspectiva en relación a lo que han vivido y cómo están ahora.

Esta es una primera aproximación a bucear en la resiliencia.


Algunos autores definen la resiliencia en base a la flexibilidad y la fortaleza ante el stress, como la posibilidad de aprender de la experiencia, recuperarse de la adversidad (Malchiodi,Cathy. Trauma and Expressive Arts Therapy, 2020. Guildford Press).


Comulgo con la idea de que la resiliencia no es una cualidad que algunos poseen y otros no, sino que podemos generar los medios para que la misma surja. En este sentido es que habrá factores internos y externos de los cuales ocuparnos.


Malchiodi dice que trabajar desde el arte es un acto resiliente en sí mismo. Creo igual que ella en este aspecto. El arte permite encontrar corporizadamente la energía que necesitamos para reponernos. Ya sea un determinado material que se transforma en la mano, la música que inspira, un movimiento que nos abre el corazón.


Voy a volver a jugar con las palabras, y tejer aquellos procesos que creo tienen que ver con la resiliencia en el marco del tratamiento psicológico: confianza, fortaleza, esperanza, conexión, humor, apertura, sabiduría en el sentido de ampliar la mirada, alegría, regulación de las emociones.


La propuesta es acercarse a estas cualidades desde el arte puede.

Hace algunos años empecé a incorporar el humor de una manera consciente a las sesiones. Ya sea desde la risa que acompaña el jugar hasta los chistes. Creo que el humor es un ungüento mágico.


¿Cuántos terapeutas se permiten reír a carcajadas en una sesión? ¿cuántos disfrutamos orgánicamente del jugar con nuestros pacientes? Tal vez la respuesta es: muchos. Y eso me reconforta. Porque permitir que un niño/a que ha perdido la sonrisa producto del trauma, vuelva a ella es el corazón de la resiliencia.


Me gusta pedirle a los niños y niñas que acompaño que hagamos un momento de silencio para escuchar nuestras risas: “Pero, Paula, si hacemos silencio no la escuchamos”, y ya estamos riéndonos otra vez.


La propuesta consiste entonces en hacer consciente esta posibilidad de manifestar la alegría, el humor, la sensación del placer por jugar, el placer por conectarse con el arte.

A la manera de un ritual, invitar a esta cualidad a estar presente, a descubrirla, a recrearla o rearmarla.

Con esta niña hicimos un ritual de alegría, cada vez que necesitaba un empujoncito de entusiasmo, buscábamos el burbujero y los polvos de colores para llenarnos de ellos. Las dos reíamos y disfrutábamos de ese momento mágico.


Otras veces decorábamos las paredes del consultorio con recordatorios de la risa. Dibujábamos juntos o juntas esos momentos en donde nos divertimos mucho en la sesión y lo colgábamos en la pared como una manera de poder volver a él, las veces que lo necesitemos.


El humor es una habilidad social y es clave en la comunicación. Desde bebés los niños y niñas utilizan la mímica y el repetir aquello que hace reír al otro. Es parte del vínculo de apego seguro. Muchos niños y niñas asocian la risa con un castigo o con un gesto o palabras que lo ponen en situaciones de exposición. No han aprendido a vincularse desde la alegría. En este sentido, iremos muy de a poco invitándolos/as a reír.


El humor es un gran vehículo para las emociones y para crear un medio por donde conectarse. Algunas otras veces propongo hacer una caja de arena que nos haga reír, o buscamos un cuento que tenga ese efecto en nosotros. Muchos niños y niñas elijen algunos cuentos que hablan de la caca o los pedos, entonces, nos reímos al son de sonidos onomatopéyicos.


El humor se asocia con la sorpresa. Fomentar en la infancia y en especial aquella que ha sufrido traumas relacionales, la sorpresa y la exploración que la precede, es un elemento nodal. La propuesta entonces es traer a las sesiones el asombro. Porque si estamos expectantes de lo nuevo, de algo que nos puede asombrar, estamos invitando a la pausa.

En esta foto se ve de invitada una mascota. Muchas veces invito a que las traigan y simplemente nos asombramos juntos. No hay una intención predeterminada, más que la posibilidad de explorar juntos o juntas aquello que vaya a suceder.


Recuerdo un día en que una niña llegó a sesión en el centro de atención público donde trabajaba. Su madre se había quedado afuera porque traía consigo a su perro. La niña no quería entrar a su sesión, entonces, con el permiso de la madre hicimos la sesión en la plaza. Ese día hubo grandes descubrimientos para la niña y para mí, y mucho más para nuestro vínculo.


Dice Malchiodi que reír permite que el cuerpo se sacuda, al igual que cuando necesitamos descargar la energía acumulada del trauma de nuestro cuerpo.


En la base de toda esta intervención desde la resiliencia y el arte, se manifiesta a un adulto que hace de sostén seguro de ese niño o niña. La posibilidad de contar con alguien otorga confianza, esperanza, optimismo, más allá de la adversidad. Elementos fundantes de la resiliencia. En este punto, los niños y niñas comienzan a darse cuenta que es posible confiar en otro ser humano y que es posible también, que alguien los ayude.


La propuesta es activar en nuestros cerebros esas cualidades. Y nada mejor que el arte para ello. Podemos hacerlo desde la intervención individual como desde la familiar.

Con esta familia buscamos aquellas acciones que representaban el amor entre ellos. Y luego de recibir la narración de un cuento que hablaba del amor, se propuso hacer distintas actividades: collage, canciones, pequeñas representaciones de teatro. En la foto la niña y su papá recrean el momento en que juegan juntos a los indios. La posibilidad de buscar en familia los recursos amorosos colaboró con afianzar el vínculo entre ellos, estar atentos a las necesidades del otro y buscar las fortalezas familiares.


En la siguiente foto, la niña necesitó recordarse que poseía alegría y fortaleza dentro suyo, creó una pulsera “biónica”, con todos esos poderes.

Me pidió también que yo tuviera una para poder comunicarnos. Así lo hicimos. En esas pulseras estaba lo más preciado: nuestra confianza.


La creación de la confianza a través del arte supondrá también varios niveles. Pero ante todo es una experiencia corporal.


¿Cómo podemos crear confianza corporal? Un buen punto de partida es preguntarle al cuerpo, ¿Cómo se siente cuando está confiado? Podemos hacerlo mientras marcamos el contorno del cuerpo en una hoja gigante. Es muy divertido además porque podemos observar cuando una parte está más tensionada que otra o cuándo está más blanda.

En la foto exploramos los cuerpos de confianza de la niña, la terapeuta y su cuidadora.

Otras veces podemos hacer uso del “guía confiado”: la propuesta es guiar al niño o a la niña ya sea con ojos cerrados o semi cerrados (dependiendo lo que se tolere) a caminar por el consultorio o acercar la mano a un objeto para descubrir qué es.


Recuerdo una niña que no podía confiar en mí, tenía unos 9 años. Ella llegaba a la consulta y se paraba frente a un cactus que había de adorno y me preguntaba si yo me animaba a tocarlo. Le expliqué que las espinas del cactus eran gruesas pero que podían lastimar. Un día se me ocurrió que ella podría ser mi “guía confiado”. Así jugamos con mucho cuidado a que ella me guiara para poder tocar la planta sin pincharme. Varias sesiones hicimos este ritual hasta que un día me pidió que la guiara yo a ella. Estaba aterrada de que yo pudiera guiarla mal o lastimarla. Fuimos tan despacio y con tanto cuidado en esa exploración guiada que decidimos instalar la confianza en el cuerpo (con Estimulación Bilateral desde EMDR).


La niña iba describiendo cómo se sentía su cuerpo en cada acercamiento, si sus manos temblaban, si su cabeza traía pensamientos, si tenía calor en el rostro o si sus piernas se movían rápido. A cada instante le preguntábamos a su cuerpo y a esa sensación que aparecía, si necesitaba que hiciéramos algo para calmarla.


En una oportunidad me dijo que sus manos estaban muy inquietas y necesitaba calmarlas. Que sería buena idea usar algo para romper sin lastimar a nadie ni dañar nada. Ese día buscamos huevos, un tazón y los rompimos. La sensación de romper con fuerza le ayudó a mitigar la inquietud. Luego cocinamos juntas con los huevos que habíamos usado.


Si bien estamos abordando la confianza como sostén resiliente, es imposible separarlo de lo que constituye en sí mismo la regulación emocional, y la co regulación. Cada una de estas intervenciones está al servicio de ambas líneas.


Con otra niña creamos “un saludo de la fuerza y la confianza”. Era un saludo al estilo juego de rugby. Buscamos posiciones donde el cuerpo pudiera sentir esa fuerza y confianza y creamos una canción con gritos incluidos de fortaleza. Cada vez que la niña necesitara estar confiada o buscar fortaleza, podría hacer uso de este saludo inventado.

Mostrarle a los niños y a las niñas sus fortalezas después del trauma es un proceso resiliente en sí mismo. Al principio puede ser que no las reconozcan, pero poco a poco van armando su caja de resiliencia.


Algunos niños y niñas le ponen distintos nombres a esta caja, que por supuesto tiene forma en 3D. Como por ejemplo caja de fortalezas, mis recursos, mi caja de superhéroe, etc.

Esta caja puede acompañarlos en su vida y es una caja viva. Es decir que pueden ir agregando, cambiando, transformando, todos los recursos que ellos y ellas quieran.


El armado de la caja resiliente es un proceso de toma de conciencia bellísimo. No solamente porque permite contemplar las fortalezas que han descubierto en sí mismos sino porque permite honrar el crecimiento postraumático. Dentro de esta contemplación, cobra un lugar fundante los vínculos humanos. Estas cajas han tenido las formas más originales que se nos hayan podido ocurrir. Dignas de una colección de arte.


Cajas de la resiliencia



El recorrido de esto proceso está envuelto en una capa mucho más amplia. Es la capa o la manta de la autocompasión. El niño o la niña irá aprendiendo a mirarse con ojos amorosos.

De allí que, bucear en el arte y la resiliencia, implicará también generar espacios donde poder practicar la atención plena y las prácticas generativas.


En esta ampliar la mirada, como expliqué más adelante, la familia o la comunidad que es cercana de ese niño o niña, forma parte del proceso resiliente. Encontrar juntos aquello que puede ser trasmitido de generación en generación, permite sentirse sostenido por algo más grande. Se puede reconocer que hubo momentos donde el amor se manifestó y se transmitió. Aún en los niños y niñas que han sufrido traumas relacionales.


Recuerdo una adolescente que había logrado escapar de una red de trata, y mientras relataba el momento en que lo hizo, se detuvo en el relato y me dijo:


_ Paula, en ese momento, llegué a una carretera donde no pasaba ningún auto, pero ese día un camión pasó en ese preciso instante y yo pude pedir ayuda. Hay algo más grande, no sé, un Dios, llámalo como quieras, algo más grande que me cuidó.


La narrativa también cumple aquí una función resiliente. A veces aquello que se transmite de generación en generación y que ayuda a sobrepasar la crisis, son las historias, las nanas, las canciones, los dichos de la familia que se han convertido en códigos familiares.


Esa misma adolescente que comenté en el párrafo anterior, cada noche, antes de irse a dormir, tomaba un café con leche con su cuidadora, porque esa costumbre le hacía recordar a su abuela. Este ritual le daba la energía para seguir adelante.


Descubrir esa energía, ese sentido de seguir viviendo, son el corazón de la resiliencia. El niño o la niña puede percibir que hay transformación, que tiene las habilidades para hacer frente a las crisis, que hay adultos que lo/a sostienen y que una nueva historia empieza a contarse. Al igual que en el arte, una nueva creación aparece.

“Ahora puedo jugar, me siento feliz”

358 visualizaciones1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo