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  • Foto del escritorPaula Moreno

La sabiduría de los papelitos

Me gusta jugar con los personajes de cuentos, de la televisión o el cine. A veces me identifico con Mary Poppins, otras con una hechicera y en algunos momentos con Minguito. Para aquellos que no lo conocen, Minguito era un personaje de televisión que guardaba papelitos en su bolsillo. Cada vez que buscaba algo en su pantalón, desparramaba sobre la mesa infinidad de ellos. Todos arrugados y desprolijos. Sin embargo, en un acto cómico de desorden, encontraba que, esos papelitos, estaban llenos de valor.



A mí también me apasiona juntar papelitos. De todas las formas y tamaños. De todos los colores, lisos, rugosos, decorados, sencillos, barrocos, gruesos, finos, etc.

Me di cuenta que los uso como muestra de amor.


Por este motivo, le dedico un espacio en mi página. Un lugar donde ampliar la conciencia respecto de un medio que permite llevar adelante una acción amorosa.


En el consultorio suelo tener un cajón lleno de estas posibilidades mágicas. Por supuesto que ese cajón tiene un nombre y para abrirlo existe un ritual.


El cajón se llama MINGUITO. Y el ritual consiste en que aquel o aquella persona que quiera abrirlo necesita escuchar un cuento primero.


La historia comienza con el relato del libro “Los bolsillos de Lola” de Quentin Blake en donde la protagonista tiene un vestido con muchos bolsillos y de esos bolsillos salen los objetos y personajes más hermosos que podamos imaginar. Yo les cuento que, así como Lola guarda esos maravillosos regalos, a mí me gusta guardar papelitos y que también los regalo.

Cada uno puede mirar en sus propios bolsillos y transformar lo que hay ahí dentro, o bien buscar un papelito del cajón MINGUITO y crearlo.


Cuando una persona abre ese cajón puede encontrar papeles con colores cálidos, oscuros, papeles de seda, de cocina, reciclados, papeles de texturas variadas, cintas, washis, broches, lentejuelas, brillantina, sellos, témperas, óleos, pinceles, semillas y flores secas y algunos frasquitos con aromas.


Ofrecer un papelito como recordatorio es un acto amoroso con uno mismo o con alguien más. Llevar al papel esa frase que me ayuda a enraizarme, a darme ánimo, a darme coraje o simplemente un dibujo que lo represente.


Esos papelitos pueden ser papelitos voladores: pueden llegar a manos de quienes elijamos para ofrecerle las cualidades que necesite.


Cuando alguien quiere hacer papelitos voladores, le propongo primero conectarnos con esa cualidad que vamos a regalar, que la sintamos en nuestro cuerpo, que le demos un color, un aroma, una forma, y que imaginemos lo que ocurrirá cuando esa persona reciba el papelito volador. Invito a sentir la alegría de ser testigo de la alegría de otro o bien de su agradecimiento.


Si algunos de los aromas que hay en el cajón coincide con nuestro deseo de amor, rociamos al papelito con ese aroma.

Otras veces MINGUITO nos da la posibilidad de generar una cartelera amorosa en la casa de cada uno. Llevamos desde ese cajón mágico la idea de comunicar en papelitos los saludos de los buenos días, un deseo particular para algún integrante de la familia, un “gracias” o aquello que permita crear un hilo de amor con otro.


Para algunas personas los papelitos pueden ser ayudas memorias. Son aliados fieles para nuestra parte del cerebro encargada del razonar. Entonces los papelitos tienen una función de ayudantes del quehacer diario. Pueden ser guías o mapas que nos muestren una rutina que por algún motivo se me olvida, por ejemplo. O si esa rutina va a cambiar, ayuda a planificarla y crear ciertas condiciones de estabilidad y predictibilidad.


Cuando uno elige un papelito, dependiendo de su función, buscará texturas, colores, adornos, aromas que estarán guiados por las emociones. Llevar conciencia a este proceso suele ser de gran envergadura. Por este motivo, la voz del terapeuta se convierte en guía amorosa de esta exploración.


Para los más curiosos, MINGUITO tiene dos secciones más:

  1. Una cajita llena de papelitos con poesías, haikus, canciones, nanas

  2. Un rincón con botellitas donde guardar palabras “empapeladas”: botellita de palabras ácidas, palabras dulces, amargas, con gusto a chocolate, saladas, agrias, para el olvido, de amor, de ternura…

Por último, MINGUITO tiene una serie de papelitos bajo el nombre: Papelitos para mí con amor.


Estos papeles son para escribirnos las palabras, frases o dibujos que necesitamos para darnos amor a nosotros mismos.


Encontré una definición de papel que me gustó: “material indispensable para difundir ideas en la vida cotidiana”.


Puede ser entonces, que MINGUITO sea un reservorio de sabiduría, una sabiduría hecha de fibras de papel para crear los medios necesarios y gestionar amor.


Igort describe en su libro “Cuadernos Japoneses” cómo conoció al hombre que fabricaba papel al estilo chino, siguiendo hasta siete generaciones hacia atrás, dicha sabiduría. Fue en Izumo, un lugar de la península de KII, Japón, donde se fabrica el papel más ligero y resistente. Ese papel, cuenta Igort, proviene de las plantas llamadas Kouzo, cuya corteza será luego el papel Izumo. Esas cortezas se recogen en tiras largas que son delicadamente atadas y son pasadas por una sustancia a través de un bastidor de bambú. Este hombre lo hace de manera artesanal, con sus manos. Este artesano del papel le dijo:“para hacer un papel bueno se necesita una técnica precisa, pero sin el KORORO, el corazón, el papel no sale igual!" (Igort, Cuadernos Japoneses. El vagabundo del manga, Ed Salamandra).


Aprecio la cualidad de absorción del papel. Un soporte amoroso para aquello que queremos dejar plasmado. Es una muy buena idea jugar con esta absorción y los distintos elementos de arte que guarda MINGUITO. Tal vez lo que vaya a escribir necesita ser escrito con alguna tinta en especial, o plasmarse en un papel con determinada condición de absorción.


Estos papelitos guardan sabiduría porque tienen a su vez la posibilidad de crear espacios de amabilidad en el lugar donde se dejen, suavizan el ambiente y lo cubren de calma.


Gracias a prestar atención a este ritual carnavalesco de guardar papelitos, encontré una manera de llevar a la práctica no solo la regulación fisiológica y emocional que conlleva este ritual, sino que, además, creamos las conexiones neuronales necesarias para fortalecer la resiliencia y el cultivo de la compasión y la autocompasión.

MINGUITO se convirtió un canal para mentalizar. Un canal para pensarnos y pensar al otro. Esta capacidad que practicamos con el cajón mágico, se conecta con la empatía, la autorregulación, la expresión emocional, el sentimiento de eficacia, el control de los impulsos y cómo nuestras acciones afectan a los demás.


El arte que se despliega en la creación de estos papelitos, permite entramar todas estas habilidades con el de la imaginación. En este proceso de ponerse a pensar en otro para imaginar lo que necesita, cuál es su perspectiva, pensamientos, sentimientos, es que fomentamos la mentalización.


En este proceso afianzamos el vínculo terapéutico. Donde el terapeuta provee la guía para buscar las opciones de auto regulación o co regulación. El terapeuta como extensión de este reservorio de papelitos amorosos. Donde hay una colaboración, un pensar juntos, un crear en dupla, una exploración cuidadosa del mundo interno.


MINGUITO ofrece también la posibilidad de reírnos con las ocurrencias de lo que podemos escribir en los papelitos. Plasmar la alegría en papel puede ser un buen recordatorio de la esperanza y de las sensaciones placenteras, que no siempre están disponibles en los pacientes.


Alejandra Correa dice: “La carta (los papelitos, agrego yo) es un pequeño cuerpo. Es tangible, es papel y letra, pero además tiene una dimensión que se escapa a ese soporte: hay rastros del cuerpo que escribió. Está el temblor de la letra, la respiración, la forma en que los renglones se ordenan y van diciendo algo. Y está lo que se elige decir, y lo que se elige callar, lo que se lee en silencio… Es una caja de resonancia de un yo en el otro, tanto de quien escribe como de quien recibe… La carta es un pedido y una donación a la vez, una invitación a la intimidad. Para dar al otro una ofrenda íntima hecha con nuestra letra, con nuestra respiración, nuestro pensamiento y nuestras mejores palabras. Para dejar constancia de decirnos algo único mediante un medio único. Es apostar a lo artesanal de la comunicación entre dos personas. Es un tejido, una costura entre dos manos, entre dos orillas del mundo”. (La nueva Mañana. Escribir una carta es crear un mundo entre dos personas. Correa Alejandra).


Los papelitos de MINGUITO son una manera preciosa de hacerle saber a otro que es importante para nosotros. Es una manera de hacernos saber, que somos importantes para nosotros mismos.


Toda carta es un pequeño tesoro de papel que respira

por eso se las guarda

se las mima,

se las perfuma,

se las estrecha contra el corazón,

se las moja con lágrimas,

se las roba,

se las invita a dormir bajo la almohada,

y se las cuida para siempre. (Alejandra Correa)


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Paula Moreno.

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