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  • Paula Moreno

Funes el memorioso. Un caso de amnesia disociativa

"Mi memoria es como vaciadero de basuras" decía Funes. En este relato, Borges repasa la historia de Irineo Funes, el joven que luego de un accidente pierde el conocimiento y cuando despierta recuerda absolutamente todo, hasta los detallas más ínfimos de cada experiencia.

Sabemos que nuestro cerebro no puede funcionar adecuadamente en ningún extremo. En el recordar "todo" el hombre no puede vivir y en el olvidar "todo" tampoco.

¿Pero qué es lo que nuestro cerebro no puede tolerar?, ¿de qué se está protegiendo?

Al igual que Funes, Marina se desvaneció una mañana antes de salir para su escuela. Pero la adolescente, en vez de recordarlo todo, había perdido toda su memoria.

Su mente estaba en negro. Así lo describió. Un gran agujero negro ocupó su cerebro. Ya no recordaba dónde estaba, quiénes eran las personas que estaban en esa casa y decían ser su familia. Tampoco recordaba el sabor de sus platos favoritos, o cuáles eran, ni cómo hacer una cuenta simple, suma o resta, ni quienes eran sus familiares.

Todos sabemos lo que el agujero negro implica en términos espaciales. La preocupación de Marina y su familia crecía a medida que pasaba el tiempo y no había recuerdo alguno.

Marina tiene 13 años y vive con sus padres adoptivos y dos hermanos mayores que también fueron adoptados por este matrimonio. Son hijos de la misma madre biológica pero de distintos padres.

Marina fue adoptada a los dos años. Desde los 8 meses vivió en un hogar de tránsito hasta el momento de la adopción. Previamente había vivido con su madre biológica, su abuela materna y su padre. Estos primeros meses de vida estuvieron signados por experiencias severas de negligencia y maltrato emocional. Marina estaba descuidada físicamente, en su aseo, alimentación, siendo una bebé pasaba largos períodos de tiempo sola sin nadie que la cuidara.

Su madre estuve en situación de calle durante un período, a raíz de esta situación Mariana es llevada a un hogar de tránsito donde el hombre de la familia maltrataba físicamente a los niños y fue acusado y detenido por una sospecha de abuso sexual. Hasta este momento no sabemos si Marina fue víctima de abuso sexual o no.

Desde su adopción, Marina se integró sin mayores dificultades a su nueva familia y no mostró hasta el momento sintomatología alguna.

Tras el desmayo y luego de varios estudios médicos, la familia realiza una consulta para iniciar un tratamiento psicológico con la finalidad de que Marina recupere la memoria.

Las primeras entrevistas con ella y sus padres fueron una investigación empática y minuciosa acerca de la amnesia. Hasta ese momento no se explicaban el motivo de la misma. Pero sí estábamos todos seguros de que ese síntoma estaba ligado al servicio de protegerla del sufrimiento.

El arte de investigar un síntoma va de la mano de una actitud, por parte del terapeuta, marcada por el rol de una mente de principiante. Se trata de empatizar primero con el sufrimiento de la niña y la preocupación de su familia. Es así que fuimos desarmando cuidadosamente todos los instantes previos al desmayo. Marina logró recordar que, hacía unas semanas había recibido por Facebook el contacto de su madre biológica. No sólo recibió este contacto sino que su madre biológica le escribió diciendo que en ese entonces, el juez le había sacado a sus hijos y no le permitió recuperarlos y que ahora estaba dispuesta a hacerlo. En ese momento, a Marina no le importó el mensaje y decidió "hacer como si nada hubiera pasado", aunque era la primera vez en 13 años que tenía noticias de su origen, más allá de lo que sus padres adoptivos le habían contado. A los pocos días ocurrió el desmayo y la posterior amnesia.

¿Podemos agregarle un adjetivo a esa amnesia?, ¿podemos hablar de amnesia disociativa?

Si entendemos a la disociación como la perturbación en la integración normal de la conciencia, memoria, identidad, emocionalidad, percepción, representación del cuerpo, control motor y conducta, podemos empezar a entender esta amnesia de Marina como una consecuencia postraumática.

Por otro lado, sabemos el papel que juegan los vínculos de apego desde edades tempranas, tanto para el desarrollo sano del cerebro del niño como para su bienestar emocional.

Marina tuvo en sus primeros dos años de vida vínculos de apego traumáticos, que probablemente quedaron atascados en su memoria implícita. Marina no pudo escapar a la negligencia a la que fue sometida, salvo por medio de la disociación. Y sabemos que la negligencia está altamente asociada a esta última.

¿Estamos ante un trauma pre verbal?, ¿cómo acceder a esos recuerdos?, ¿cómo intervenir para su sanación?, ¿qué desafío nos pone el cerebro cuando hasta los sentimientos han sido olvidados?

La familia adoptiva expresa que, como Marina era una niña de dos años, al momento de la adopción, la trataron como si empezaran de cero. Eso implicó de cierto modo creer que Marina había nacido en esa casa, a pesar de saber sobre su historia. Los padres dicen "con ella nunca nos ocupamos del pasado".

Los estudios sobre la memoria refieren a las memorias traumáticas tempranas como las que están almacenadas en el sistema de memoria implícita (este sistema está presente desde el nacimiento). La memoria explícita opera sin conciencia de la memoria implícita y es sólo una pequeña parte de cómo la memoria influye en nuestra vida diaria. El dominio que sostiene a esta memoria es la implícita.

Los niños disociativos expresan sus traumas en conductas que son sostenidas por esa memoria implícita. Sus cuerpos llevan las memorias somáticas perturbadoras y responden ante cualquier estímulo que recuerde al trauma, ya sea luchando, huyendo o congelándose.

Es por eso que el abordaje con ellos debe tener muy presente estas cuestiones.

¿Cuál fue entonces el plan de tratamiento? Fue una integración de muchos abordajes basados en estas premisas: la neurobiología, el apego, el impacto traumático, las características de la memoria traumática y de la memoria implícita, las características de la familia como familia adoptiva, la disociación estructural, el arte como manera de abordaje, el mindfulness , el abordaje sensoriomotor. Todos estos abordajes mediados a su vez por el modelo EMDR.

Este sistema integrado de intervención fue necesario replicarlo en la familia, en la escuela y en los profesionales intervinientes (acompañante terapéutico, psiquiatra, neurólogo).

A nivel familiar, la amnesia de Marina fue el detonante para volver a la historia y darle un nuevo sentido. Los hermanos y los padres volvieron a leer el expediente que les habían dado cuando adoptaron a los niños, pudiendo ahora procesar información que estaba todavía sin elaborar. Aparecieron emociones contradictorias y temores que hasta ese momento no habían aparecido. El padre adoptivo, por ejemplo, seguía dando mensajes negativos a Marina acerca de su madre biológica. Esta cuestión, no le permitía a la adolescente acercarse a su pasado con toda la gama de emociones que estaba transitando. Estaban muy reacios a que Marina leyera su historia a pesar de que la niña lo pedía. Inclusive los hermanos dudaron de la historia contada por estos padres a partir de los dichos de la madre biológica.

Con respecto al contexto de intervención, hubo que trabajar con la escuela tanto en la psicoeducación respecto del impacto traumático, como en la explicación del mecanismo de la memoria y la disociación. También se les dio pautas para ajustar los objetivos pedagógicos a la nueva realidad de Marina.

Lo prioritario era ayudar a Marina a recobrar las emociones. Necesitábamos esa red neuronal para luego poder adentrarnos en sanar lo traumático. Pero, ¿cómo hacerlo? Parte del trabajo de regulación emocional implica abordar los síntomas disociativos que están presentes.

Decimos con Marina, partir del agujero negro. Este agujero empezó a representar una parte de Marina que no quería, no podía recordar. Junto a esta parte disociada, aparecía otra parte de ella muy pequeña que necesitaba recordar.

Allí trabajamos procesando desde EMDR el vínculo entre ambas partes. Claro que las emociones no aparecían en escena. Nos centramos entonces en las sensaciones corporales: ese agujero negro se sentía como un murallón en la cabeza.

Poco a poco fuimos instalando en su cerebro las emociones que surgían. Fueron de gran ayuda muchos libros infantiles que daban cuenta de las emociones y sus correlatos físicos.

Dentro del registro corporal aparecían en Marina escalofríos. Los mismos no tenían un correlato lógico con el tiempo meteorológico ni con ningún otro evento. En una oportunidad, Marina tomó un bebé que estaba en el consultorio y empezó a hablarle diciéndole que ella lo iba a cambiar porque estaba con pis y eso le daría frío, (Marina de bebé estuvo horas y horas sucia sin ser cambiada por ningún adulto).

El abordaje pendular entre cada uno de estos aspectos era lo único constante en las sesiones. Y oscilábamos entre intentar recuperar emociones y trabajar con los aspectos disociados de Marina.

Para acercarnos a las emociones trabajamos también desde el arte y el mindfulness es decir desde la capacidad de llevar atención plena a esas experiencias. Marina trabajó con masa y las sensaciones asociadas, pintamos con distintas texturas de pinturas, descubrimos sensaciones a partir del tacto, tocar algo rugoso, pinchudo, áspero, suave, arena mojada y seca, etc.

En una sesión Marina dibuja su amnesia.

Y por primera vez dice: " Lo peor que viví fue pasar de casa en casa" y lo representa con la lechuza en el árbol. Después agrega, “ese agujero negro que siento debe haber sido parecido al que sentí cuando llegué a casa por primera vez, no conocía a nadie. Todos eran desconocidos para mí".

Lejos estaba Marina de apreciar que su amnesia y el desconocimiento actual de su familia se parecían mucho a sus experiencias de los dos años.

Este fue un gran logro para Marina, ya que las sesiones eran realmente complejas. Ella respondía a todo con un " no hay nada en mi cabeza", sumado a que había perdido la capacidad de la metáfora. Con lo cual, muchas veces se tornó extremadamente difícil atravesar las sesiones.

A medida que avanzamos en el tratamiento, siguiendo la hipótesis de sus traumas tempranos, el daño en el vínculo de apego inicial y cómo se empezó a reparar desde el vínculo con la madre adoptiva, es que decidimos trabajar las tres juntas.

Esa sesión fue absolutamente reveladora. La madre de Marina comentó que a su hija le costaba mucho mirar a los ojos desde que perdió la memoria. Así es que junto con la estimulación bilateral hicimos un trabajo basándonos en una de las primeras experiencias de apego seguro con los bebés: el sostén de la mirada. Marina y su madre estaban mirándose a los ojos. Luego de mucha risa e incomodidad, el rostro de Marina cambió. Le pedí a la mamá que le contara cómo la recibieron cuando fue adoptada. Y armamos un protocolo de Jean Lovette (protocolo EMDR que puede ser utilizado para ofrecer datos a los niños que no recuerdan con la memoria narrativa).

Este fue el primer eslabón para la recuperación de parte de la memoria de Marina. A las horas, tuvo un fuerte dolor de cabeza (síntoma habitual desde el desmayo) y recuperó el recuerdo de sus padres.

En las sesiones siguientes hicimos varios protocolos de Jean Lovette. Incluimos fotos, videos, anécdotas, la lectura del expediente. Los hermanos participaron de estos protocolos también.

Este primer eslabón nos abrió las puertas hacia la necesidad de sanar la niña interna de Marina. Como la adolescente tenía severas dificultades con la imaginería lo hicimos a través de un muñeco bebé. Marina pudo conectarse con las experiencias de ese bebé y ofrecerle desde su parte más adulta el cuidado que necesitaba. También pudimos hacer algunas prácticas compasivas. En estas prácticas nos acercamos al sufrimiento de ese bebé y deseamos que su sufrimiento cese y pueda estar en paz, sabiendo que el peligro ya no existe.

Esta información es muy importante de darla a todo el sistema interno de Marina, ya que partes disociadas pueden haberse quedado congeladas en aquellos momentos de riesgo y no saber que hoy están a salvo.

Marina hizo otro dibujo de su sensación física en la cabeza y el agujero negro empezó a llenarse de espacios más blancos. Marina empezó a amigarse con la muralla y poco a poco pudo ir removiendo algunos ladrillos y atreverse a mirar por esos espacios.

Otro recuerdo apareció: "veo una casa oscura y fría, casi vacía". Marina preguntó: " ¿Y si no recuerdo porque hay algo que sólo yo sé y prefiero no acordarme? Tal vez ni en los papeles del juzgado está". Esta sesión requirió que su hermano mayor le brindara más información acerca de cómo él la cuidó del presunto ofensor sexual (en la familia sustituta).

Tras esta sesión Marina recuperó el recuerdo de sus hermanos.

Poco a poco la sensación de muralla que separaba los recuerdos de su conciencia se fue transformando en red. Y fue más permeable y por ende más recuerdos aparecieron.

Marina pudo decir que le daba miedo que su madre biológica la viniera a buscar. Allí no sólo pudo procesar el miedo sino que trabajamos brindándole la información correspondiente de los derechos que tiene ella y sus padres adoptivos.

Hasta el momento, Marina pudo nivelar sus conocimientos escolares. No recordó los conocimientos previos, pero pudo reaprenderlos con mucha dedicación y esfuerzo. El recobrar los recuerdos de su familia y parte de sus amigas le ayudó a sentirse en un ambiente de mayor confianza y cercanía emocional.

Estamos aún trabajando en la recuperación de los recuerdos de la familia extensa. Sabemos hasta ahora que cuando llegó a su casa por primera vez a sus dos años, el impacto de conocer de golpe tanta gente que desconocía fue muy fuerte para Marina.

Queda trabajo por delante pero no podría dejar de contarles esta experiencia sin el elemento más importante dentro de esta coctelera de pruebas, ensayos y errores que fue trabajar con Marina: Paula como regulador de todo ese proceso regulándose a sí misma.

¿Qué significa que el terapeuta sea regulador? En primer lugar significa un arduo trabajo con mis emociones y la regulación de las mismas. Marina me enseñó a trabajar desde la "nada". Desde la posibilidad de entrenar mi mente en una mente de principiante que nos permitiera a las dos bucear en lo que iba apareciendo momento a momento. Pudimos crear estrategias que nos fueron dadas por el solo hecho de que en nuestro vínculo había un lugar seguro para bucearlas.

No es fácil sentir. Y Marina lo sabía. Lo sabía tan bien que olvidó sentir. Por eso la importancia del vínculo terapéutico, estable y seguro para encontrar las emociones y dejar que se expresen en el cuerpo.

Marina me enseñó a regular mi ansiedad frente al agujero negro y la prisa por recobrar recuerdos. Su tiempo fue nuestro motor en la regulación.

Ser una terapeuta reguladora implicó también cultivar la empatía no sólo por la niña dolida y lo que sufrió sino por los aspectos más difíciles de Marina. En sus "no sé, nada, no hay nada en mi cabeza" que se hacían interminables.

La escena era la de una terapeuta que regulaba sus emociones frente a las pautas de comunicación de la familia actual que muchas veces hacían surgir desesperación o enojo. Una terapeuta reguladora que se permitió navegar en la incertidumbre de que las intervenciones resultaran eficaces o no. Y allí, no esperando un resultado sino viviendo el proceso con Marina. Esto nos dio la posibilidad de crear juntas, de transitar juntas los momentos más terroríficos que esa niña pudo haber vivido.

De confiar en la sabiduría del cuerpo y en cómo los traumas allí "guardados" esperan ser descubiertos y sanados. En cómo el cuerpo necesita seguir con aquellas acciones que pudieron quedar congeladas en el momento del trauma.

Convertirme en una terapeuta reguladora implicó cultivar la atención en mí, en mis emociones, en mis pensamientos y sensaciones físicas. Implicó cultivar la cualidad de la conciencia despierta. Una energía consciente que fluye entre Marina y yo.

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© 2018 por Paula Moreno, Psicóloga