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  • Paula Moreno

Desde que tengo uso de memoria es que me olvido: Una forma de trabajar en terapia con la memoria.

Actualizado: sep 19


"Durante la reminiscencia se pone en movimiento algo corporal que no descansa hasta cuando aparece lo que se estaba buscando." - Aristóteles.
"La memoria es cosa de lo ya ocurrido." - Aristóteles.

Desde antes de nacer está con nosotros. Podría ser el enunciado de una adivinanza. Un misterio se hace presente.

Viajaremos comandados por los que más saben al respecto: los niñ@s.


¿Cómo es tu memoria Sebas?

Sobre la mesa del consultorio había una colección de cajas vacías de remedios, comidas, con formas y tamaños variables, frascos de mermelada, yogurt y perfumes terminados que habían sido cuidadosamente recolectados.


Nos pusimos "manos a la obra". Sebas observó cada caja, las recorrió con sus pequeñas manos y sus ojos anclados en su memoria.

Eligió tres cajas que les adjudicó una importantísima función. Una guardaría los recuerdos que reptaban, si, escucharon bien. Son recuerdos que se arrastran y tardan en llegar. Otra guardaría los recuerdos de dinosaurios o sea los más antiguos y la otra los secretos más difíciles de archivar. Me explicó que escribiría los recuerdos en papelitos y los pondría en las cajas.


- Y no los podes mirar. Sólo si yo los activo ¿de acuerdo?

Ni lerda ni perezosa le pregunté si al menos podía contarme su mecanismo para activarla.

Sebas parecía saber de lo que hablaba, como si se conocieran con su memoria, Tomó una botella de leche vacía y se puso a pintar sobre ella un teclado. Un colorido teclado que cumplía la función de "activador" de los recuerdos. Cada color servía para abrir cada una de las cajas. Pero la tarea no estaba acabada aún. Con una caja de cereales que hacía de cerebro, acomodó cada caja y el mecanismo activador en su lugar. Ese día Sebas me contó la historia que más le costaba contar. Luego la hizo un bollito y la guardó. Porque esas historias no desaparecen sólo se visitan.

_ ¿Y si no recuerdo porque lo que tengo que recordar es "inrecordable"? Me preguntó Sofi.

_ ¿Y si espiamos sólo un poco a tu memoria? ¿Te animas?


Sofi tomó sus temperas y dibujó un árbol sin hojas con un verde muy tenue. Había hojas fuera de la copa del árbol volando por todos lados. Estos son recuerdos que se fueron, ya no los tengo. Yo soy el tronco del árbol, a veces me siento vacía como ahuecada, otras veces hay visitantes en él aunque no sepa muy bien para qué están. Mi memoria es como un muro Paula.


_ ¿Te parece que podemos mirar por encima de él? ¿o tal vez sacar un ladrillo?

Así lo hicimos. Construimos un muro con bloques y removimos uno. Nos acercamos muy despacio con un ojo abierto y otro cerrado.

Veo un bebé que llora, parece que tiene hambre. No se muy bien cómo se me ocurre decir esto. Pero es lo que veo.


Uma estaba parada en la puerta del consultorio como todos los jueves. Pero no podía verle su cara. Estaba tapada por un baúl. Uma saltaba de ansiedad por mostrarme todo lo que había en él.

Allí estaban guardados unos cuantos muñecos bebés, un chupete, un perfume rancio y unas ropitas de bebés.


Preparamos nuestro sagrado ritual del baúl de los recuerdos. Tomamos cada objeto con solemne cuidado, lo olimos, lo acariciamos y dejamos que nos hablara. Yo me senté cerca del suelo con ella pero a una distancia prudente. Como guardiana de sus recuerdos.


_ Siento un poco de tristeza porque aunque no me acuerde de mi mamá biológica tengo estos recuerdos y tal vez un poco me quiso.

Ezequiel me contó que para darle forma a su memoria necesitaba algodón. ¿Algodón? pregunté asombrada.


_ Sí Paula, algodón.

Eze desató el paquete de ese suave material blanco y armó sobre el escritorio cinco prolijos círculo de algodón. En el medio de cada uno había un hueco. Así es mi memoria, yo te voy a explicar lo que hay adentro de cada círculo.


Tomó la caja de animales, revolvió hasta el fondo y puso en cada compartimento un animal. Acá va el león furioso, que es cuando rompo todo, luego el elefante que es el más terco, como cuando no quiero hacer las cosas, un ratón miedoso que obviamente me recuerda que soy miedoso y el oso que miente. Bueno hay un mono feliz también.


_ ¿Por qué algodón? Pregunté nuevamente

_ Es que a veces los animales de mi memoria se descontrolan y se salen de sus círculo y se chocan, entonces si hay algodón seguro va a ser más suave.

Milli no quiere recordar cuando llegó ese día al hospital. Me prohibe preguntarle sobre ese día. Le propuse hacer su memoria en 3d.


El entusiasmo contrastó de manera notable con su negativa habitual.

Diseñamos juntas un meteorito, con sus cráteres y texturas, con sus colores y del tamaño de una pelota de basket.


Mientras jugábamos a observar el meteorito memoria, Mili tomó la decisión de pegarle algunas palabras que odiaba y que en su memoria se repetían constantemente: jeringa, doctores, olor a hospital, enfermedad, cirugía, cicatriz.

El meteorito fue nuestro compañero en muchas sesiones. Hoy vive en su casa como recuerdo de todo lo que transitamos juntas.

En estos viajes he podido descubrir que cuando fabricamos nuestra memoria y la tenemos delante nuestro, nos permite acercarnos a los huecos de la misma sin necesidad de evitarla, sin sentirse abrumado por los recuerdos , sin escapar de ella, sin juzgarla.

¿Qué forma tiene tu memoria? Circular, de queso gruyere, de juego cibernético, de cajoncitos, de pájaro, de plaza de juegos.


Coni tiene dos años y dejó de hablar. Ya no fija su mirada y parece desconectada. Todo ocurrió hace un año atrás, en la intervención médica. Sus estudios neurológicos dan bien pero recordar es intolerable.


¿Cómo es su memoria? ¿Cómo llegar a ella?

Coni se retuerce cada vez que le contamos la historia que vivió, balbucea y hace sonidos guturales, se tilda. Poco a poco creamos una memoria hecha de nanas, hamacas, caricias, cantos y apoyamos sobre ella los recuerdos más dolorosos. Coni dejó de contornearse, descansa sobre los brazos de sus papás y pronuncia su primera palabra.


¿Cuál será el secreto para encontrarla? La memoria nos permite recordar. Y recordar es una manera de estar conscientes. Si logramos acercarnos a los recovecos que guardan sus más preciados recuerdos, ya sean recuerdos de felicidad como de pena, de una manera amorosa y respetuosa de su "guardar", posiblemente el recordar se convierta en la mejor manera de sostener nuestra identidad.



Las historias fueron modificadas a los fines de enseñanza.

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© 2020 por Paula Moreno, Psicóloga