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De la intemperie a la conexión: La soledad, el trauma relacional y el coraje de pertenecerse

Foto del escritor: Paula Moreno
Paula Moreno
hace 7 horas
5 min de lectura

Introducción y la experiencia de la intemperie


Hace un tiempo recibí a una mujer que había sufrido trauma relacional e institucional. En una sesión donde buscaba una palabra para nombrar el dolor que sentía, me dijo: "Siento que me han dejado a la intemperie".


Su frase me retumbó en el corazón. La imaginé desamparada, sola en su sufrimiento. Esa mujer tuvo que apartarse de un grupo humano que le dio vuelta la cara. Pasó muchos años reclamando que la miraran, que la escucharan.


Largas sesiones llevamos ahondando en el sentimiento de no ser comprendida, de no pertenecer.


Cuando hablamos de emociones relacionadas al trauma, hay una de ellas que suele pasar desapercibida: el miedo. Este sentimiento se encuentra en el corazón de la soledad, del sentirse fuera de un grupo, de no pertenecer.


La coraza del aislamiento


Un hombre que acompaño hace unos años trae como motivo de consulta el sentirse raro, que no encaja. Siente que hace muchos esfuerzos para que su trabajo sea reconocido, pero no puede ver frutos. Tiene un profundo sentimiento de imperfección, de estar roto, de ser extraño.


Él comprende la historia que lo llevó a esa soledad traumática: no le alcanza entender el maltrato severo de su padre en su primera infancia, la indiferencia de su madre y el constante agravio de la ignorancia de su familia.


Mis dos pacientes tuvieron experiencias donde el otro dejó de ser su refugio, y la soledad se convirtió en una coraza pegadita a la piel, una piel hecha crosta como sabia manera de cuidarse. Aislarse, no confiar, no necesitar, no esperar a nadie fue la manera que encontraron de protegerse.


Por eso es tan importante preguntarnos por la función de la soledad. Hay soledades que cuentan historias, y esas historias suelen ser historias de desconexión. Esas experiencias de trauma relacional alteran la pertenencia, la confianza y la posibilidad de ser tal cual uno es frente a otros. Esa soledad se convierte en una manera de habitar el mundo.


Vuelvo a traer a Brené Brown. Ella dice que el sentido de pertenencia es el innato deseo humano de formar parte de algo más grande que nosotros, y que se produce cuando mostramos nuestro yo auténtico e imperfecto ante el mundo; es decir, cuando creemos plenamente en nosotros mismos. Asimismo, plantea que la espiritualidad es reconocer y celebrar que estamos todos inextricablemente conectados por un poder más grande que nosotros, y que esa conexión —incluida la que hay entre nosotros mismos— se basa en el amor y la compasión.


¿Cómo opera este proceso donde la persona tiene miedo de ser rechazada, miedo a moverse en el mundo, a no ser aceptada, a no ser humana? Incluso pueden sentir vergüenza de esa soledad, como si hablara de que hay algo malo en ellos. Y puede convertirse en un callejón sin salida.


Brené Brown señala la siguiente dinámica:


Soledad ➔ Protección ➔ Soledad (- empatía, miedo, + defensa, + entumecimiento)


Esto infunde el temor a buscar ayuda. La autora ofrece mirar el miedo: el miedo a resultar herido, a la crítica, a la desconexión, a ser ignorado. He escuchado a muchas personas hablar de la soledad; a veces pueden nombrarla, pero otras veces se expresa en sus acciones o en sensaciones o emociones aisladas de contexto.


El objeto del vacío y la experiencia del reencuentro


Por este motivo fue que ideé el objeto del vacío: un objeto que permite explorar esa incertidumbre de lo oscuro, de lo impredecible, donde se puede sentir el miedo a lo que sucederá. 


Este objeto de tela representa un vacío con diferentes texturas. 


¿Existe algo más cercano a la deshumanización que el no ser visto?


Brené Brown habla de la deshumanización como un proceso. Creo que ese proceso se observa en esos momentos sostenidos de no mirar a ese otro. Tanto  la paciente mujer como el hombre, pueden dar cuenta de infancias donde les arrebataron la dignidad humana. 


Es hermoso y a la vez desconcertante lo que les voy a compartir:


El hombre que estoy acompañando decidió hacer trabajo humanitario en una cárcel. Cuando pasó el primer encuentro con jóvenes detenidos, me contó la experiencia:"¡Paula! Es extraño, pero uno de los detenidos se acercó al patio donde estábamos tocando la guitarra y me preguntó si sabía cantar. Me pidió su canción favorita. También me preguntó por mi trabajo y por una cicatriz que tengo en la mano. Es la primera vez que me siento visto, ¡justamente por personas que están privadas de la libertad, pero que me hicieron sentir libre!".


Una manifestación preciosa de la conexión humana, de la verdadera humanidad compartida.


Pertenecer a uno mismo


Tal vez por primera vez este hombre pudo pertenecerse: ser él mismo con su guitarra y su cicatriz. Ya no tuvo que pertenecer con el silencio, con el agradar, con el adaptarse o desaparecer; no necesitaba convertirse en aquello que el otro esperaba. El joven de la cárcel no esperaba nada de él.


Este es el corazón del trabajo clínico con la soledad: buscar maneras de pertenecerse. Y esta fórmula llevará a confiar en otros por la razón primera que implicó aprender a confiar en sí mismo.


El acercamiento entre estos dos hombres no fue mediado por el miedo. Mi paciente no sintió miedo de ser rechazado o descalificado, ni quedó expuesto a no ser visto. Se destrabó la paradoja de desear conectar con otros pero a su vez tenerle un miedo profundo a esa vinculación.


La soledad del "no puedo encontrar humanidad en otro ni sentir mi propia humanidad" se desvaneció por un instante.


La soledad no nace sólo de la ausencia del otro, sino del miedo a encontrarnos con él, porque el trauma altera la propia experiencia de humanidad compartida.


Resueno con la propuesta de Brené Brown de trabajar en favor del coraje de contemplar la soledad y de ablandar nuestra piel para que el corazón se convierta en indómito: capaz de conectarse con la propia vulnerabilidad y valentía y a la vez ser amable con uno mismo.


El proceso clínico y la búsqueda de sentido


El trabajo con el amor, la confianza y la alegría por la propia existencia nos lleva a enternecernos con nuestro mundo interno.


Lograr que una persona recobre la mirada amable hacia sí puede ser un trabajo de pasos muy chiquitos. Sin embargo, el antídoto ante esa marginalidad consiste en que pueda conectar consigo mismo. Este trabajo de artesanos, milimétrico, consiste en un proceso de develar capas y capas de sentido para que la persona encuentre su esencia, su mismísima humanidad. 


El trabajo clínico en función de sentirse valorable, capaz, único, contento con su propio camino, es un proceso espiritual de búsqueda de sentido. Dice Brené Brown que cuando experimentamos el sentido de la vida, experimentamos amor, pertenencia y alegría.


Voy a terminar este escrito con una cita textual de la autora:


“El verdadero sentido de pertenencia es la práctica espiritual que consiste en creer en ti mismo y en pertenecer a ti mismo tan profundamente que puedes compartir tu yo más auténtico con el mundo y descubrir lo que hay de sagrado tanto en formar parte de algo como en sostenerse solo en un territorio salvaje. La verdadera pertenencia no requiere que cambies lo que eres; requiere que seas lo que eres” (Brown Brené, 2017).


Bibliografía

Brown Brené, 2017. Desafiando la tierra salvaje: La verdadera pertenencia y la valentía para estar solos. Urano.

 
 
 

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