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La imaginación como parte de los procesos que sanan

  • Foto del escritor: Paula Moreno
    Paula Moreno
  • hace 24 horas
  • 6 min de lectura

Artículo escrito para "Cultivar la Mente" (https://cultivarlamente.com/). Charla completa disponible en YouTube: https://youtu.be/HTSc7GngjF0?si=LZsiLOQTD9zjexRU


Para muchas personas, hablar de imaginación remite inmediatamente a la infancia. Y, en cierto punto, esto es así: la imaginación se desarrolla desde los primeros meses de vida y acompaña la maduración neurobiológica del ser humano.


Si me preguntaran a mí, diría que la imaginación vuela junto a la magia, las infinitas posibilidades, la esperanza y el contento. Por eso me gusta ofrecer imaginación a toneladas.

Soy consciente de que hay muchas personas que no han tenido la oportunidad de desarrollarla. Sin embargo, eso no significa que no puedan hacerlo. Para poder ofrecer experiencias que conduzcan a este objetivo, necesitamos conocer cuáles son las condiciones que favorecen su emergencia.


¿Por qué una persona podría haber visto disminuida esta habilidad? Es posible que haya atravesado, en su infancia, experiencias de malos tratos. El impacto de estas vivencias adversas puede haber afectado distintos aspectos del desarrollo psicoemocional, incidiendo directamente en la capacidad de imaginar.


Para imaginar hace falta:


Creer.

Crear.

Sentir.

Un cuerpo.

Una pizca de palabras.

Confiar.

Estar conectado, sintonizado.

Estar seguro. Y sentirse seguro.

Un montoncito de alegría mansa.

El tono de una música o de un poema.

Jugar.

Estar despierto, atento.


Pensar la imaginación entramada con la creación me despierta una alegría vasta, porque todos los seres humanos tenemos esa posibilidad: traer al mundo algo que antes no estaba. La creación es un acto sublime y, a la vez, cotidiano. Muchas veces pasa desapercibido, pero cuando ampliamos la conciencia aprendemos a reconocerlo.


Hablar de imaginación es hablar de sintonía. De afinar el lápiz de la sensibilidad para que todo aquello que conforma el territorio de lo sutil se disponga en nuestra mente como materia prima para imaginar.


Si a esta ecuación le sumamos una paleta de emociones encarnadas en el cuerpo, la imaginación se vuelve una semilla bien nutrida.


En alguna medida, la imaginación puede convertirse en una manera de estar en el mundo, en una forma preciosa de autoexpresión.


Vuelvo ahora a las personas cuya capacidad de imaginar se ha visto reducida. Quienes han tenido su desarrollo impactado por el trauma —en especial el trauma relacional— suelen presentar dificultades en la regulación emocional. No contaron con cuidadores amorosos que modelaran cómo identificar una emoción, regularla y actuar en consecuencia.


Cuando falla esta comunicación entre cuidadores e hijos, el impacto alcanza al juego simbólico. Los niños juegan para lograr dominio de la realidad: la secuencialidad, la causa y el efecto, la narrativa, el cambio de roles, las consecuencias, las reglas sociales, la empatía, el humor y el pensamiento mágico (Yehuda, 2019).


Yehuda señala que “el juego de los niños con un desarrollo adecuado es imaginativo y desinteresado” (2019). Los ingredientes de estos juegos resultan fundamentales para el desarrollo de la imaginación y, sobre todo, para aprender a leer a los otros a través del juego compartido.


Los niños que han sufrido malos tratos suelen perder la capacidad de disfrutar del humor: la metáfora queda vedada. Han aprendido escasos recursos del lenguaje, muchas veces criados entre palabras ásperas, insultos o silencios prolongados.


Recuperar la risa como sinónimo de placer es central para el despliegue de la imaginación. La risa se comparte y crea lazos; por eso va de la mano de la empatía. Tener en cuenta al otro y su experiencia se aprende, una vez más, en el juego.


Sabemos que el trauma impacta múltiples áreas del desarrollo: los centros del lenguaje, la capacidad de pensar con claridad, el procesamiento de la información, la resolución de problemas, la comunicación y la memoria (Yehuda, 2019). Conocer estas condiciones es fundamental para poder ofrecer la imaginación como recurso terapéutico.


La memoria —no solo la personal, sino también la colectiva, e incluso la ancestral— funciona como reservorio de los ingredientes que dan vida a la imaginación.


El trauma y el desbordamiento afectan la posibilidad de desarrollar una imaginación saludable y juegos creativos. Algunos niños se vuelven excesivamente literales y no comprenden el juego imaginario de otros. Otros permanecen gran parte del tiempo en mundos imaginarios, con dificultades para transitar hacia la realidad cotidiana (Yehuda, 2019).


¿De qué manera podemos sortear estos obstáculos? Cuando la curiosidad está impregnada de temor, la ambigüedad se vuelve desesperante y lo simbólico pierde espesor. Cuando la disociación irrumpe, se ve comprometida la regulación fisiológica y emocional.


Estamos frente a una mente en estado de alerta. Por eso, la primera manera de ofrecer imaginación es crear las condiciones para que pueda crecer.


La condición inicial es generar seguridad interna, permitiendo que las secuelas del trauma comiencen a sanarse y que exista un colchón más mullido donde la imaginación pueda florecer.


Otro puente hacia ella es la ampliación paulatina de la conciencia, desde una mente atenta. Para algunas personas, cuyos sistemas nerviosos no están equilibrados, este proceso debe realizarse en pequeñas dosis. No siempre puede digerirse desde el primer momento.

Algunos autores llaman a este goteo de amabilidad “destellos”: micro-momentos de seguridad y conexión vagal ventral, dignos de ser saboreados (Dana, 2019). Yo los llamo microtramas.


Las microtramas son pequeñas escenas afectivas que se enhebran dentro de la sesión, casi sin ser advertidas, y que abren un espacio donde el sistema nervioso puede descansar y confiar un segundo más que antes. Son mínimas, pero no menores; breves, pero no efímeras. Cuando aprendemos a mirarlas, descubrimos que allí comienza una exploración profunda (Moreno, 2025).


Explorar estas microtramas con cuidado va ampliando el sistema de calma. La curiosidad sostenida por otro se convierte en una experiencia nueva de conexión, siempre que esté acompañada por una guía amorosa y atenta a cómo esa exploración se inscribe en el cuerpo.


Así, poco a poco, la imaginación se va introduciendo en la vida de la persona como alternativa al miedo, a la parálisis y a la falta de posibilidades propias del trauma.

Cuando emergen el asombro, la sonrisa, las ganas de jugar con lo que aparece, sabemos que estamos en el camino correcto. Me gusta compartir, desde la poesía, esos pequeños momentos de asombro, porque ella guarda en su esencia el extrañamiento que nace de una frase, una palabra, un tono, un clima.


El arte, en cualquiera de sus lenguajes, crea microtramas. Es un aliado fundamental de la resiliencia.


Me gusta pensar la imaginación como una manera de compartir historias. Historias que no reproduzcan la narrativa del trauma, sino que habiliten la flexibilidad propia de la integración. La base de la creatividad es una mirada profunda: ver más allá de lo ordinario y lo prosaico para captar aquello que, de otro modo, permanecería invisible (Rubin, 2023).


Las historias solo pueden compartirse cuando estamos conectados con otros. Nuestra capacidad de escuchar y recibir esas historias se da en el marco de la seguridad interna.

Es, de algún modo, recuperar lo que la poeta María Teresa Andruetto llama nuestra textoteca: esas historias que nos conforman y que, quizá, necesiten una mirada nueva para ser despertadas.


Podemos imaginar el acto creativo como el gesto de tomar el contenido de nuestra vasija, elegir los elementos significativos en un momento dado y representarlos (Rubin, 2023).

Accedemos así a una capa sensorial, no hablada, que nutre la mente y habilita que la imaginación suceda.


Tiene pleno sentido que, desde la Terapia Centrada en la Compasión, se busque generar experiencias de autorregulación y calma a través de la imaginería. Las meditaciones guiadas permiten crear imágenes que facilitan el contacto con cualidades como la compasión y la autocompasión, y también reconocer los disparadores que desregulan la experiencia por fuera de la ventana de tolerancia emocional y fisiológica.


A lo largo de muchos años de trabajo clínico, integrando distintos marcos teóricos para acompañar el sufrimiento humano, he creado recursos para que la imaginación pueda funcionar como sostén.


Conociendo el impacto que el trauma deja en la mente, he buscado objetos narradores que estimulen la imaginación. No hay edad para acercarse a un dragón compasivo y sentir la calidez de su mirada, escuchar —desde su fuego sagrado— historias imaginarias que despierten amor, bondad, sabiduría y coraje emocional (Moreno, 2019).


Estas múltiples maneras de ofrecer la imaginación como puente hacia el mundo interno y la conexión con otros constituyen una forma preciosa de transformación. La metamorfosis se entrelaza con esa alegría mansa de la que hablábamos al inicio.


Imaginar en grupo funda la intersubjetividad. La imaginación se vuelve principio ordenador, aquello que Cathy Malchiodi llama “creación de sentido”: un proceso en el que la narrativa personal se reescribe en un nivel más alto de funcionalidad psicológica (Malchiodi, 2023).


Ofrecer imaginación es ofrecer lo que Rubin denomina el compromiso de permanecer abiertos a lo que nos rodea: prestar atención, escuchar, percibir conexiones, buscar belleza, atrapar historias, advertir qué despierta nuestro interés y capta nuestra atención (Rubin, 2023).


Tal vez entonces podamos sentir en el cuerpo que algo de la magia está ocurriendo: valorar la vida, permitir que lo pequeño se vuelva grande, que lo sencillo se potencie, que lo invisible se haga notorio, y que lo cotidiano se convierta en una práctica preciosa de descubrir nuevas alternativas (Moreno, 2020).


Bibliografía


Yehuda, N., (2019). Comunicar el trauma. Criterios clínicos e intervenciones con niños traumatizados. Ed. Desclée De Brouwer.


Rubin, R., (2023). El acto de crear: una manera de ser. Ed. Planeta, S.A.


Dana,D., (2019). La teoría polivagal en terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Ed. Eleftheria


Moreno, P. (2025) Microtramas de regulación. Cuando lo mínimo funda una posibilidad de cambio. www.paulamoreno.org


Moreno, P. (2023). Dragones compasivos. Una adaptación de intervenciones basadas en CFT para la infancia. www.paulamoreno.org


Moreno, P., (2020) Abracadabra: la magia como intervención terapéutica. www.paulamoreno.org

 
 
 

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