Meditar con niños

Cuentos y más...

Explicarle a los niños el concepto de la aceptación del momento presente tal cual es, suele ser algo complejo.

Sobretodo si se confunde con la resignación. Pero si nos ayudamos con un cuento, puede ser más fácil.

En este cuento Valeria, la protagonista aprende a hacerse amiga de su miedo. Eso significa que Valeria empieza a conocer a su miedo, lo mira, lo observa, le pregunta, se enoja con él. Pero descubre poco a poco que si no quiere deshacerse de su miedo, el miedo ya no la molesta.

¡Ahí está el secreto! Si aprendemos a auto-observarnos, sin luchar en contra de lo que sentimos, sino abrazándolo, ese sentimiento se transforma. Hasta parece más chiquito, como en el cuento.

Y claro está que cuando hacemos eso una acción aparece y podemos llevarla a cabo. Por eso no es resignación.

Esta es una linda práctica de mindfulness para llevar a cabo con los niños.

Este cuento nos ayuda a entender la importancia de ser amorosos con los demás, la paciencia que se necesita para que ese amor de frutos y cómo dando amor podemos recibir la alegría de darlo. Con esta niña de la foto lo llevamos a cabo plantando una semilla y jugando con la metáfora de llevar acabo cada día un acto de amor, pequeño, para que esa plantita crezca. Hicimos una lista de posibles actos de amor, como lavarme los dientes cuando mamá lo pide, ordenar mi ropa, decirle gracias a mi amiga cuando me presta sus lápices, etc.

La práctica continuó de esta manera.

“ Ahora puedo cerrar los ojos, llevar las manos a mi corazón sintiendo el latido del mismo y el calorcito que dan mis manos. Puedo imaginarme a la persona o mascota que yo quiera y puedo desearle que esté bien, que no sufra, que sea feliz”.

Algunas veces estos deseos los necesito dibujar dentro de burbujas, o tal vez con un burbujero, desear ese deseo e imaginarme que lo pongo en las burbujas y que las hago llegar hasta esa persona.

Con estos tres libros podemos ayudarnos para practicar la autocompasión. Y la primera práctica es leer con atención plena y escuchar de la misma manera. Tal vez invitando al niño a notar los cambios de la voz al leer el cuento o los cambios de emociones que puedan aparecer. Tal vez explorando si alguna vez nos hemos sentido así. Donde no nos queremos y nos tratamos mal, queriendo cambiarnos para agradar a otros.

Allí podemos agregar a la práctica anterior lo siguiente:

“ Ahora puedo imaginarme que esas burbujas de deseos van hacia mí, deseándome que pueda estar bien, que encuentre la manera de estar contento, que pueda quererme tal cual soy”

Otros métodos...

Les propongo otra práctica de mindfulness para hacer con los niños: esta práctica nos las enseña Thich Nhat Hanh. Es la meditación con las piedras.

La primera parte de la práctica consiste en enseñarle a los chicos 4 piedras pintadas e invitarlos a hacer las suyas.

Podemos usar para pintarlas acrílicos y barniz.

Las piedras tiene dibujado elementos de la naturaleza con los cuales vamos a meditar.

La primer piedra tiene pintado una flor, la segunda una montaña, la tercera el agua y la cuarta el espacio.

Es importante que cada niño le encuentre una representación a estas piedras, ya sea que signifiquen para ellos la compasión, el amor, una manera de recordarles cómo meditar, una manera de enviar amor a otros o buenos deseos a otros.

La primera parte de la meditación consiste en el proceso de pintar las piedras. Y allí podemos guiar a los niños a elegir los colores, los pinceles, elegir la imagen que van a dibujar. Animándolos a estar presente con sus sentidos. Los colores que pintan, cómo van tomando la textura de la piedra, la forma de la piedra que eligieron y cuál será para cada dibujo. Tal vez percibir si surge alguna emoción cuando la están pintando o pensamientos, recuerdos. Invitarlos a notarlo y volver con la atención a la piedra.

Una vez que pintamos las 4 piedras podemos llevar adelante la segunsda parte de la meditación.

 

1) Invitamos a los niños a tomar la primera piedra y a cerrar los ojos:

“Esta piedra con una flor nos ayudará a mantener siempre nuestra frescura. Tomo una respiración y siento que soy una flor”.

“Puedo observar todo con la frescura de la flor como si fuera por primera vez. Tomo aire y me siento una flor, saco el aire y siento la frescura”

 

2) Imagina ahora una montaña, con todo lo que tu decidas, piedritas, pasto, nieve, árboles, animales. Una montaña robusta y fuerte. Toma la segunda piedra y respira siéntete como esa montaña. Firme. A través de ella puede pasar el frío, el viento, la nieve y la montaña estará ahí firme, serena, sólída. Toma una respiración y cuando saques el aire siente esa solidez.  Puedes hacerlo tres veces.

 

3) Ahora le toca el turno al agua, tal vez imagines una pileta, un lago, o un río o un mar. Elige una que no se mueva mucho y pueda reflejar las nubes, el cielo, el sol, el paisaje, tal vez las montañas. El agua nos refleja la naturaleza tal cual es y nos trae calma. Toma una respiración y siente que eres el agua, saca el aire y siente esa calma, ese capacidad de ver con claridad y tranquilidad las cosas tal cual son. Hazlo tres veces.

 

4) Ahora toma entre tus manos la cuarta piedra, ese espacio es ele espacio que puedes crear dentro tuyo, un espacio que genere amor, y pueda brindarlo. Un espacio que nos da libertad.

Toma el aire y siente ese espacio cerquita de tu corazón, puedes llevar la mano allí en el pecho y sentir el calor de las manos. Saca el aire y siente esa libertad que te da ese espacio.

Cuando cultivamos ese espacio cultivamos generosidad, amorosidad, amor. Hazlo tres veces más.

Cultivar mindfulness

 

Practicar mindfulness significa practicar la compasión. Mindfulness es compasión. Y es uno de los valores que harán a los niños más generosos, bondadosos y compasivos.

La compasión no significa sentir lástima por los otros sino todo lo contrario. Implica notar el sufrimiento del otro y desear que cese. Un elemento crucial para mejorar las relaciones entre los seres humanos ¿no?

Y junto con estas prácticas están las prácticas de autocompasión. Allí invitamos al niño a brindarse amor hacia él mismo y mirarse con una mirada bondadosa y no crítica.

A mi me suele ser útil acompañar la práctica con la lectura de un cuento y tal vez proponer luego alguna manera de llevarla a la acción. Porque de qué nos serviría practicar todo esto si no podemos llevarlo a cabo en el día a día.

Susurrando emociones

 

Conocí al susurrador de la mano de Diana Tarnofky. Vale la pena contar la historia.

Una tarde , estaba en la sala de espera del Hospital Italiano con mi hijo cuando de pronto aparece en la sala una mujer vestida con colores muy brillantes. mi mirada quedo inmediatamente captada por ese destellos de colores: el violeta de su pollera, el verde furioso de su remera y un sombrero con una mezcla de colores.

En la mano tenía un objeto desconocido para mí hasta entonces. La mujer(Diana, se acercaba al oído de cada niño y con ese objeto les hablaba. El aspecto del objeto era atractivo. Un tubo más o menos largo , con dos agujeros en sus puntas y unos colores tan llamativos como la vestimenta de Diana. En realidad no era que hablaba por allí sino que "susurraba".

Así fue que me acerqué y le pregunté qué era ese objeto. Diana lo acercó a su boca y a mi oído y susurro una poesía. Quedé estasiada no sólo por la belleza de la poesía sino por el sonido de su voz a través del susurrador y la magia de la narradora.

Diana es una narradora de cuentos con mucha experiencia y un currículum extenso. Y yo estaba ahí disfrutando de su arte al igual que los niños de la sala. Un arte que indudablemente sana, ya que todos en esa sala de espera, a pesar de los sufrimientos , desplegábamos una sonrisa al escuchar su voz y sus historias. 

Como si por un momento ese susurrador nos hubiese unido en un momento de paz y alegría.

No se qué pasaba por la mente de esos niños pero mi experiencia fue de una escucha atenta que permitió experimentar sensaciones, emociones, que parecían amplificarse al compás del susurro.

Diana me ayudó a conectarme con la artista que había hecho su susurrador. Y así es que en mi consultorio hay un susurrador disponible para quién quiera usarlo. María Gil Araujo es la artista que lo hizo, una maestra con todas las letras.

 

El arte de narrar a través de un susurrador surge en Francia cuando un grupo de artistas sale a las plazas a susurrar poesías a las personas, como un modo de desacelerar el mundo.

En Argentina, la impulsora de ese movimiento fue Mirta Colángelo, una gran narradora y educadora. se la recuerda como la "maga de los susurradores".

 

Y no es para menos, esos susurradores poseen cierta magia. Los niños los usan junto conmigo para narrar historias, para leernos cuentos, para contar cosas difíciles de contar, para narrar sueños, deseos, esperanzas, para decir lo que nos da verguenza. Es un instrumento que nos ayuda a cultivar el habla y la escucha atenta.

Gracias Diana, Maria por abrirme la posibilidad de seguir creando junto con los niños nuevas maneras de sanar.

Un espacio sagrado

 

 

La idea surgió de mi infancia. Cuando jugaba en la casa de mi abuela, construí un espacio conformado por un sillón rojo, mis juguetes y una cortina que funcionaba como una carpa.

En ese lugar ocurrían cosas mágicas, era un lugar amable, cálido y creativo.

Cuando lo recordé quise acercar a mi consultorio esa posibilidad, pero tan solo como eso, una posibilidad; sin forzar nada, sólo que esté ahí disponible: una carpa para meditar.

Poco a poco se fue convirtiendo en un lugar especial, cada niño crea allí “un espacio sagrado” y yo lo acompaño a notar lo que va apareciendo ahí.

Podemos poner almohadones, música, instrumentos musicales, peluches, podemos pintar, contar cuentos, o simplemente quedarnos allí sentados o acostados. Podemos imaginar que somos indios, osos, lo que aparezca esta bien.

Podemos cohibir una emoción, podemos expresarla, o podemos compartir ese lugar sagrado. “Espacio Sagrado” no significa rígido o solemne, es sagrado porque recibimos allí lo que aparece y lo sostenemos en la carpa. También intentamos sostenerlo fuera de ella. Una linda invitación a estar atentos jugando.

Pequeño Universo Portátil

Descubrí este objeto de la mano de Diana Tarnofsky. Con su sabiduría y poesía me ayudó a crear un nuevo lugar compasivo.

Se llama "pequeño universo portátil" y me encanto la idea de ir llevándolo como forma de poder abrir un lugar calmo en donde lo necesitemos.

Este espacio tiene su magia porque no es un lugar absolutamente cerrado sino que podemos estar protegidos y a su vez no perder el contacto con el exterior. Es un lugar íntimo que nos envuelve y nos permite viajar a dónde queramos. Podemos entrar y salir de él cada vez que lo necesitemos.

Allí podemos invitar a los niños y los grandes a un refugio imaginario donde tan sólo respirar atentos o contemplar el afuera desde la calma.

Es interesante proponer a los niños y tal  vez a sus padres que cada uno , cada familia pueda armar su propio "pup". Eligiendo atentamente las telas que usarán, sus colores, tal vez esos colores puedan variar según las emociones del día . 

 

Meditación compasiva en el PUP

 

Podemos proponer que los que quieran entrar en el PUP lo hagan. Percibiendo las emociones y sensaciones corporales que aparecen estando allí. Tal vez espiando a través de las telas o los tules que hacen de protección y notar cómo se siente mirar así. Qué diferente es mirar hacia arriba donde se encuentra el paraguas compacto. Tal vez noten una diferencia entre una mira y otra. Tal vez aparezcan sensaciones corporales distintas. Si alguno quiere salir del PUP es importante notar cuándo aparece esas ganas y tomar una respiración para luego decidir si salgo o me quedo allí.

Podemos estar sentados o parados . Podemos usar el universo portátil como refugio de los deseos más lindo que queramos brindar al que está allí con nosotros. Podemos hacerlo en sus oídos, sólo acercando nuestra mano a su corazón y desearlo en el interior de nuestra mente. Podemos usar un susurrador y hacerlo desde allí. Podemos usar varios susurradores y cada uno desea en el oído del otro un deseo de paz , amor, alegría y formar así una cadena de "susurra deseos".

Como este universo es único para cada uno o para cada familia, cada uno puede elegir qué guardar en él. Incluso a lo largo del tiempo podemos ir agregándole dibujos, cuentos, stickers. Es nuestro universo portátil y por ello tenemos la libertad de adornarlo de afuera y de adentro.

Es muy importante fomentar la escucha atenta cada vez que entremos en él. Y suele ser una experiencia maravillosa que nos lean o leer un cuento dentro del PUP.

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© 2018 por Paula Moreno, Psicóloga